En verano son muchos los vecinos de Sobrarbe y visitantes que buscan los ríos del #Pirineo para refrescarse y disfrutar de un merecido baño.

Entre los lugares más populares se encuentran las pozas del río Bellos a su paso por #Puyarruego. ¿Te has preguntado de dónde proceden estas aguas frías y cristalinas?

Para descubrir su origen hay que mirar al norte, hasta las cumbres más elevadas del Parque Nacional de #Ordesa y Monte Perdido. Allí se alza el macizo de Treserols, presidido por Monte Perdido (3.355 m de altitud). 

En este espectacular paisaje de roca caliza, el agua de lluvia y deshielo desaparece pronto de la superficie. Se infiltra por grietas y oquedades para recorrer el interior de la montaña y alimentar una compleja red de cuevas, simas y galerías. Se trata de uno de los grandes tesoros ocultos de este espacio natural, declarado Patrimonio Mundial por la #UNESCO, que poco a poco va desvelando sus secretos gracias al trabajo de espeleólogos e investigadores.

Tras un largo recorrido por las entrañas del macizo, el agua vuelve a ver la luz en la surgencia de la Fuen Blanca. El espectáculo resulta sobrecogedor, ya que se precipita al vacío, formando una de las cascadas más impresionantes de Ordesa y Monte Perdido.

A partir de aquí, estas aguas alimentan al joven río Bellos, que desciende por la vertiente sur del circo glaciar, desde el Collado de Añisclo.

El río abandona el paisaje abierto de praderas y alta montaña para adentrarse en las estrechas gargantas del cañón de #Añisclo. Le espera un vertiginoso recorrido entre desfiladeros, grandes rocas y frondosos bosques, salpicado por rincones más abiertos y apacibles, como La Ripareta, Cumaz o el entorno de la ermita de San Úrbez.

Finalmente, el Bellos deja atrás el Parque Nacional y llega hasta Puyarruego, donde se encuentran algunas de las pozas más apreciadas de Sobrarbe.

Así que, cuando vengas a Campacruz y disfrutes de un chapuzón, dedica un instante a observar la transparencia del agua. Cada gota ha realizado un extraordinario viaje desde las cumbres de Monte Perdido, atravesando el corazón de la montaña, antes de llegar hasta este rincón privilegiado del Pirineo.